Expongo para ti un suceso reciente que tuvo como protagonista a un gran amigo, espero que este relato te brinde una razón más para disfrutar la vida:
Desde la infancia, mi amigo Eduardo soñaba con pilotear un avión de guerra, conforme pasaban los años ese sueño se reafirmaba en él.
Al terminar la escuela y habiendo cumplido los diez y seis años, les comunicó a sus padres que había tomado la decisión de ingresar a la Fuerza Aérea.
Dicha decisión no fue aceptada por sus padres, dado que ellos ya habían planeado el futuro de Eduardo.
Esta situación lo desconcertó, sin embargo se mantuvo tranquilo, ya que los planes de sus padres no le impedían mantener vivo su gran sueño.
Eduardo inició la universidad, su misión para ese entonces era mantenerse en el cuadro de mérito de la facultad de Economía, tal como lo habían planeado sus padres, pero su mente y su S
Con el correr de los años, Eduardo fue adquiriendo un prestigio intachable como profesional, sus compromisos de trabajo absorbían su tiempo al máximo y su lado realista empezó hacerle ver que su gran sueño se podría quedar sin cumplir.
Un día, su compañero de trabajo le comentó la manera como la Fuerza Aérea iba a celebrar su próximo aniversario, ésta consistía en que la institución invitaría a un ciudadano común a formar parte del grupo de copilotos que participarían en el vuelo de exhibición de los modernos aviones de guerra adquiridos recientemente por la institución.
Como era de esperarse, Eduardo consideró está oportunidad como la única que tendría en su vida para cumplir su tan anhelado sueño, por ello, inmediatamente envío su solicitud pero grande fue su sorpresa al enterarse que muchas personas codiciaban dicha invitación, sin embargo, en ningún momento se amilanó, pues él confiaba en si mismo, él estaba seguro de ser el ganador.
La institución había asignado una semana para realizar las pruebas de rigor a todos los interesados, con el fin de maximizar la seguridad de quien sería elegido como copiloto para el vuelo de exhibición.
La confianza de Eduardo se iba consolidando cada vez más conforme aprobaba cada evaluación, su emoción era tanta que no podía disimular, incluso todos los amigos de Eduardo ya lo considerábamos el ganador.
Llegó el día de conocer el resultado final: Nuestro querido y admirado amigo Eduardo no fue escogido para formar parte del grupo de copilotos.
Esa noticia fue devastadora para Eduardo, yo recuerdo que fue la primera vez que le observé sin ganas para seguir luchando por la vida.
Recuerdo también las palabras de ánimo de su abuelo: “Todo Suceso Tiene Su Motivo”; sin embargo no había poder humano que hiciera que Eduardo recuperara la confianza en si mismo.
Posteriormente, llegó el día de ir a observar el vuelo de exhibición y nuestro amigo Eduardo decidió acompañarnos a tal evento.
A pesar de su tranquilidad, la mirada de Eduardo reflejaba mucha tristeza, pues aún se preguntaba: ¿Por qué no fui elegido? De pronto, su mirada reflejaba desconcierto, pues, dos aviones de los cinco que participaban en el vuelo de exhibición colisionaron, produciéndose una inminente explosión en el aire.
Fue muy impactante para todos los presentes, en especial para Eduardo, saber que en uno de los aviones accidentados viajaba la persona elegida para ser copiloto.
Después de meditar ese acontecimiento tan lamentable, Eduardo entendió que su presencia en este mundo tiene un motivo, el cual no lo hubiese podido descubir si hubiera cumplido su gran sueño.
Medita tú también sobre tu vida. ¿Ya sabes cuál es tu misión?
Déjanos tu comentario, Gracias por visitarnos.
Al terminar la escuela y habiendo cumplido los diez y seis años, les comunicó a sus padres que había tomado la decisión de ingresar a la Fuerza Aérea.
Dicha decisión no fue aceptada por sus padres, dado que ellos ya habían planeado el futuro de Eduardo.
Esta situación lo desconcertó, sin embargo se mantuvo tranquilo, ya que los planes de sus padres no le impedían mantener vivo su gran sueño.
Eduardo inició la universidad, su misión para ese entonces era mantenerse en el cuadro de mérito de la facultad de Economía, tal como lo habían planeado sus padres, pero su mente y su S
Con el correr de los años, Eduardo fue adquiriendo un prestigio intachable como profesional, sus compromisos de trabajo absorbían su tiempo al máximo y su lado realista empezó hacerle ver que su gran sueño se podría quedar sin cumplir.
Un día, su compañero de trabajo le comentó la manera como la Fuerza Aérea iba a celebrar su próximo aniversario, ésta consistía en que la institución invitaría a un ciudadano común a formar parte del grupo de copilotos que participarían en el vuelo de exhibición de los modernos aviones de guerra adquiridos recientemente por la institución.
Como era de esperarse, Eduardo consideró está oportunidad como la única que tendría en su vida para cumplir su tan anhelado sueño, por ello, inmediatamente envío su solicitud pero grande fue su sorpresa al enterarse que muchas personas codiciaban dicha invitación, sin embargo, en ningún momento se amilanó, pues él confiaba en si mismo, él estaba seguro de ser el ganador.
La institución había asignado una semana para realizar las pruebas de rigor a todos los interesados, con el fin de maximizar la seguridad de quien sería elegido como copiloto para el vuelo de exhibición.
La confianza de Eduardo se iba consolidando cada vez más conforme aprobaba cada evaluación, su emoción era tanta que no podía disimular, incluso todos los amigos de Eduardo ya lo considerábamos el ganador.
Llegó el día de conocer el resultado final: Nuestro querido y admirado amigo Eduardo no fue escogido para formar parte del grupo de copilotos.
Esa noticia fue devastadora para Eduardo, yo recuerdo que fue la primera vez que le observé sin ganas para seguir luchando por la vida.
Recuerdo también las palabras de ánimo de su abuelo: “Todo Suceso Tiene Su Motivo”; sin embargo no había poder humano que hiciera que Eduardo recuperara la confianza en si mismo.
Posteriormente, llegó el día de ir a observar el vuelo de exhibición y nuestro amigo Eduardo decidió acompañarnos a tal evento.
A pesar de su tranquilidad, la mirada de Eduardo reflejaba mucha tristeza, pues aún se preguntaba: ¿Por qué no fui elegido? De pronto, su mirada reflejaba desconcierto, pues, dos aviones de los cinco que participaban en el vuelo de exhibición colisionaron, produciéndose una inminente explosión en el aire.
Fue muy impactante para todos los presentes, en especial para Eduardo, saber que en uno de los aviones accidentados viajaba la persona elegida para ser copiloto.
Después de meditar ese acontecimiento tan lamentable, Eduardo entendió que su presencia en este mundo tiene un motivo, el cual no lo hubiese podido descubir si hubiera cumplido su gran sueño.
Medita tú también sobre tu vida. ¿Ya sabes cuál es tu misión?
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